Quién no querría conocer a unos jóvenes genios que tienen un proyecto altamente tecnológico en un garaje que va a revolucionar un mercado,  que nos pidiesen que invirtiésemos en su empresa, nos hiciesen multiplicar el capital por cien en un año y por fin pudiésemos retirarnos a vivir la vida en una playa del Caribe.

La historia suena fenomenal, pero para soñarla. Siento deciros que ese cuento dista mucho de la realidad de la inversión en startups sobre la que me gustaría profundizar.

Como profesional de la inversión financiera sigo unas reglas inflexibles a la hora de proteger el capital de los inversores, poniendo más atención en el control del riesgo que en la búsqueda de la mayor rentabilidad posible.  En el caso de la inversión en startups estamos ante la inversión más arriesgada que podemos plantear. Si invirtiendo en compañías consolidadas con altos beneficios se puede perder dinero, imaginad invirtiendo en empresas que no sabemos si van a funcionar, incluso en algunas que todavía no han nacido. A pesar de ser conscientes de que estamos ante una inversión de alto riesgo, tenemos que marcarnos unas reglas que nos permitan pasar de estar jugando en un casino a invertir  de una forma sensata.

Muchas veces se da el dato de que el 10% de las startups consiguen crecer y el 90% desaparecen. Cuando escuchas a inversores profesionales, mi experiencia es que ellos consiguen un porcentaje de viabilidad de sus invertidas superiores al 50%.

Sabiendo que no somos inversores experimentados, aunque hayamos tenido mayor o menor éxito en nuestras empresas o trabajos, deberíamos aspirar un porcentaje de éxito inferior al de un inversor profesional, al menos hasta tener experiencia.  Yo creo que sería sensato pensar en que si invertimos en compañías que hayan pasado filtros de inversores profesionales podríamos conseguir un porcentaje de supervivencia del 30%.

Para inversiones en compañías en fase temprana, donde invierten los Business Angels, se busca multiplicar mínimo por ocho las inversiones en las  empresas que funcionen y perderlo todo en las que no funcionen. Lo comentado hasta ahora supone que si invertimos nuestro capital en una empresa, ¡¡¡existe mínimo un 70% de probabilidades de que lo perdamos todo!!!

¿Cómo podemos conseguir que la inversión no sea una auténtica lotería? Hay dos alternativas:

  • Tener dotes adivinatorias e invertir solo en las que van a triunfar
  • Diversificar invirtiendo en mínimo diez empresas para que el resultado final tenga más probabilidades de ser satisfactorio.

Por desgracia solo tengo al alcance de mi mano la segunda opción.

Supongamos que disponemos de diez mil euros,  invertimos mil euros  en diez compañías y se cumple la probabilidad de la que estamos hablando (que es mucho suponer porque una muestra de diez empresas no es tan amplia como para suponerle que se cumpla). En este caso  perderíamos los mil euros en siete de ellas y en las otras tres conseguiríamos multiplicar por ocho en un periodo de maduración que suele ser de entre cinco y siete años, es decir que dentro de siete años nuestros diez mil euros  serían veinticuatro mil, una rentabilidad del 140%  en siete años.

Sinceramente,  esta estimación es claramente optimista, aunque no es totalmente  descabellada por lo que no deberíamos buscar escenarios mejores que este, porque son altamente improbables.

Las redes de business angels como Araban recibimos la solicitud de inversión por parte de los emprendedores, las filtramos en función de los criterios de cada una y las ponemos en conocimiento de los inversores interesados. Por otro lado las plataformas de crowdfunding se aseguran de que todo el proceso de inversión en estas compañías esté de acuerdo a la normativa que regula este tipo de inversiones y son las encargadas de realizar las tareas administrativas de la ampliación de capital o preparar el pacto de socios que regulará los derechos y deberes de los accionistas.

Cada inversor debe analizar de forma independiente las distintas alternativas y decidir donde invertir ya que en las redes como Araban no tenemos como objetivo invertir o asesorar ni cobramos por ello, solo trabajamos con el objetivo de dinamizar la economía facilitando que el capital y los emprendedores tengan un canal de comunicación.

Otra manera de aumentar nuestra expectativa de rentabilidad es incrementar la inversión en compañías en las que ya hemos invertido y en las que tenemos datos como inversores de que están funcionando muy bien. Hay inversores que tienen como estrategia precisamente invertir menos en las primeras rondas y aumentar  el volumen de la inversión en posteriores rondas una vez que entienden la compañía y ven que está creciendo sanamente.

En resumen, quería que todos tengamos claros que la inversión en startups es altamente arriesgada, pero también muy divertida y además si se hace de una forma estudiada y disciplinada puede ser muy rentable a largo plazo.

Si quieres más información sobre inversión en startups puedes entrar en Araban.es o seguirnos en las redes sociales.